¿Dónde se graba Cabanyal Z? I: L’Escola del Cabanyal o Estudios del Progreso

(por Helena P. Grau)

Mi pesquisa sobre l’Escola del Cabanyal, escenario de la primera asamblea de la Resistencia de Cabanyal Z, empieza con Xusa. Últimamente le ha dado por vestir armadura dorada.

-Eres una mezcla entre la robot de Metrópolis y el busto de oro de Carlomagno. Te falta la espada -le digo.
-La tengo.

Silencio. No hay duda: estoy ante la conseguidora oficial de Cabanyal Z, la productora Xusa Moya. Ella se quita la armadura y conversamos tumbadas en su casa, la cabeza de l’Escola, el ático del edificio de la calle Progreso n. 159. En su fajo y su refajo (el primer y segundo pisos) hoy se ubica el Centro Cultural popular y autogestionado inaugurado en 2009. Más allá, en los bajos, una guardería.

De hecho, este edificio ha sido siempre una escuela y una casa.

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Desde la primera década y durante todo el siglo XX albergó el Colegio-Academia San José, construido con sus propios recursos por el mestre Visantico, Vicente Ballester Fandos. Xusa y yo estamos a escasos metros de lo que, dicen algunos antiguos alumnos, fue el “purgatorio”. Hoy es su dormitorio, en el piso superior del edificio. Alguna vez le he oído decir que cree que es “imprescindible para el barrio y para la galaxia” -l’Escola, no su dormitorio. Aquí, con un siglo de diferencia, el parecer de Xusa coincide con el de Visantico -porque sin su escuela una barriada popular como la del Poble Nou de la Mar no habría tenido apenas acceso a las primeras letras.

      L’Escola y Cabanyal Z

L’Escola de hoy es el escenario de la primera asamblea de la Resistencia de Cabanyal Z. ¿Por qué aquí? La cercanía, la vinculación con la serie de los impulsores de l’Escola, me cuenta Xusa. Como el director artístico Pep Ferrandis, o el actor Carlampio Fresquet. Era casi natural que aquí se reunieran los resistentes, como aquí se reúnen muy a menudo los miembros del equipo que hace Cabanyal Z. De la mano de Pep, el secular colegio que conserva intactas fachada y estructura empezó a transformarse en centro cultural.

-Pero uno se preguntaba cómo podían los niños recibir clases aquí -dice Xusa-. No había baño, y tuvieron que hacer obra para conseguir uno. Y en esos inicios de la reforma, cuando el electricista, antiguo alumno, vino a meter mano, exclamó “Está igual”.

Hoy, l’Escola del Cabanyal organiza cursos y talleres, conciertos, exposiciones, recitales, ofrece espacio para conferencias y se convierte en comedor público los domingos, con menús por cinco euros. Sin embargo, apenas hay socios y en junio organizó una fiesta en busca de apoyo ciudadano para conseguir que el proyecto cultural no muera.

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Me despido. Atravieso el amplio taller de bellas artes de Pep y Carlampio y vuelvo a las estrecheces del pasillo y la escalera. Pero, antes del primer peldaño, a un lado, la gran sala, con cafetería, sillones y un amplio espacio diáfano multiusos con los dos ventanales ante los que Germán amenaza de muerte a los miembros de la Resistencia : “Si le pasa algo a mi hija…”. Al otro lado, una ventana sobre el patio, que usa hoy la guardería de la planta baja. Un cartel avisa: “Qui llance alguna cosa, va darrere”.

      Escuelas de barrio en el postfranquismo: bocadillos y ratas…

Esa misma noche dejo macerar la investigación en mi cabeza y asisto al concierto del dúo Los Primos del Ska en el local de “los alemanes” de la calle de la Reina (de nombre oficial No hay nada mejor que 27 amigos). Jorgito, uno de los dos Primos, y responsable de la imagen gráfica de Cabanyal Z, me señala al otro Primo: “¡Gerard fue alumno!”, me dice mientras larga un disco. Me cito con él una mañana en su tasca, la Nehuen, que lleva con Maca. Sus recuerdos son pocos. Estudió allí el curso 1978/79 y se marchó, tras apenas un año, a la Academia Mauri, en la Casa de la Palmera, derribada en noviembre de 2008 dentro del contestado plan de ampliación de la avenida Blasco Ibáñez que defiende el Ayuntamiento.

-Mi madre dice que pillé la hepatitis porque una rata mordió mi bocadillo en el colegio.

De hecho, una de las imágenes que se le quedaron grabadas fue “a todos los niños sentados, levantando las piernas para dejar paso a una rata”.

Me marcho pensando en la curiosa convivencia con el roedor: nadie se levanta, luego nadie se alarma. No intentan matarla, sino que le abren paso. Esta insalubridad familiar, ¿será real o fruto de recuerdos personales, borrosos y selectivos?

Lo cierto es que otros coinciden. En el grupo de Facebook de antiguos alumnos del Colegio Academia San José hay quienes, como Gerard, se acuerdan de ratas… que salían “de los baños de los chicos” de entonces. O se admiran al ver el estado de un patio que ya no reconocen:

-Ojalá el patio hubiera estado así de bonito cuando estábamos nosotros.

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Foto: José Guardiola

En realidad, esta situación no es única y, recuerda, y mucho a las precarias escuelas… de los años 40. A finales de esa década, aún bajo la ascendencia falangista de Primo, los investigadores Irene Palacio y Cándido Ruiz describen escuelas con “plantas bajas de formas irregulares, espacios no adecuados, poca higiene, luz insuficiente y mínima ventilación, así como escaso material de enseñanza y en mal estado el existente”, lo cual era “una constante desde finales del XIX, por no aludir a épocas anteriores” (Infancia, pobreza y educación en el primer franquismo, 1993). En realidad, las escuelas, sobre todo en las barriadas urbanas populares, estaban en casas no construidas para ser escuelas, sino para albergar a familias -como lo era la primera escuela de Ballester Fandos, construida en la entonces calle de San Telmo, hoy Josep Benlliure, 234. Y en muchos ocasiones -en este caso, a diferencia de la del mestre Visantico– por estas casas privadas las autoridades pagaban a particulares alquileres de más de quinientas mil pesetas anuales.

Nada parecía cambiar. En noviembre del 31, al poco de estrenada la República, Libertad Blasco, la hija de Vicente, había pintado un cuadro en el diario fundado por su padre… que a principios del siglo XXI nos provoca un familiar escalofrío en el espinazo…

Sería monstruoso el dedicar millones a proyectos de engrandecimiento, y no existen locales para escuelas; hay miles de niños en Valencia y su provincia que no pueden recibir instrucción porque no se encuentra un edificio disponible. Hay que edificar escuelas higiénicas, modernas, dar instrucción a esos niños de los que saldrán escritores, artistas, hombres del porvenir que puedan dar a Valencia días de gloria” (El Pueblo, 14/11/1931)

      …y caramelos y juegos y nostalgia

A pesar de todo, la nostalgia infantil puede con todo un arsenal de armas y tácticas en las postrimerías de la escuela franquista. A Rosa Rosmari, nacida en 1958, le impresionaba “la mala leche de más de un profe y el silbato de Don Alfredo”. Alfredo, con ese “Don” aún por delante, era Alfredo Ballester Gozalbo. El hijo del fundador, profesor de Matemáticas, abofeteaba a Polit Vicente, de la promoción del 77, con el sello de su mano abierta de ida y vuelta. Aunque “no era todo la regla de madera , el manojo de llaves , el capón y el sopapo”, aclara Polit a sus compañeros de la red social. Y sin embargo, él, como otros, añora las batallas de cartagineses y romanos de los sábados por la mañana (entonces, también había clase ese día). Y, eso sí, “no se cambian” por la siguiente generación: así lo dice José Guardiola, quien se queda con su “etapa, con sus capones y reglazos incluidos”.

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Los hermanos Guardiola (Foto: José Guardiola)

       Quatre carrers, quatre segles

De la siguiente generación, como la de Gerard, es David Banacloche. Pero él sigue describiendo un Colegio-Academia San José anclado en los años 40… en plena zona roja y a finales de los 70. En su tienda de La Semilla Dorada me cuenta:

-Teníem un piano intocable.
-I què fèieu a la classe de música?
-A la classe de música tocàvem la flauta.
-…
-També teníem una canasta sense baló. Si et feies tu una piloteta i tractaves de jugar, rebies.

Para él, Alfredo Ballester era “El Mussola” y su esposa, doña Mari…

-Encongia any rere any … com si l’haguera agarrat una tribu de l’Àfrica.

Quizá era él el que crecía. David se marchó a cursar el Bachillerato al Isabel de Villena, “a quatre carrers” del Colegio-Academia San José.

-Quatre carrers com quatre segles.

Ahora, l’Escola del Cabanyal (alias Estudios del Progreso para Cabanyal Z) recorre las cuatro calles del camino de regreso. Al futuro.

Más información:

Escola del Cabanyal

http://escoladelcabanyal.jimdo.com/

Historia del Cabanyal. Siglo XX y un incierto futuro. Antonio Sanchis Pallarés, 1998.

Infancia, pobreza y educación en el primer franquismo. Irene Palacio Lis, Cándido Ruiz Rodrigo. Universitat de València, 1993. En Google Books:

http://goo.gl/kmioVg

Política y Educación en la Segunda República (Valencia 1931-1936). Cándido Ruiz Rodrigo, Universitat de València, 1993. En Google Books:

http://goo.gl/jHKtVd

Historia del actual instituto Ballester Fandos (La Malva-rosa)

http://ballesterfandos.edu.gva.es/historia_del_centro.html

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7 pensamientos en “¿Dónde se graba Cabanyal Z? I: L’Escola del Cabanyal o Estudios del Progreso”

    1. Oh, qué ilusión. ¡Gracias mil, Andrés! Nos encantaría saber cómo habéis dado con nosotros. Nos ayudaría a conocer mejor a nuestros seguidores de allende el océano. Ánimo y Resistencia.

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